La Táctica Ganadora: El tercio.
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- Escrito por: Koenig

En los años finales del s XV las necesidades bélicas del reino católico sufren una profunda transformación. De laguerra medieval de mesnadas contra los nazaríes granadinos se pasa a combatir contra ejércitos europeos, mas adelantados militarmente en aquel entonces. El reino católico inicia entonces una transformación en sus formas militare, la edad moderna llega a la península en lo militar.
El primer embrión de los tercios lo podemos encontrar en 1497, en el Rosellón. Se inicia allí una primera especialización de los peones medievales, que pasan a convertirse en infantería. Estos fueron organizados en tres tercios: uno de lanzas o picas, otro de escudados y un tercero de ballesteros o espingarderos. Este fue un primer paso evolutivo, y probablemente de aquí surgió el nombre.
A finales del s XV las mesnadas medievales se habían ido transformando en capitanías, mandadas lógicamente por un noble, pero un noble que recibía un salario del rey por el mando que ostentaba. Gran diferencia con la edad media. Estas capitanías, de tamaños dispares, fueron agrupadas en números de diez u once, para formar las coronelías, que tendrán en torno a 2.000 combatientes. Este es el embrión de la nueva organización.
La invasión luso-brasileña al territorio de las misiones (II)
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- Escrito por: Aguila Audaz
LLEGADA DE LOS PORTUGUESES A AMERICA
En el año 1530 llegaba a las costas del Brasil, enviado por el monarca portugués, la expedición de Martín Alfonso de Sousa, con la manifiesta intención de conquistar y colonizar los territorios que por efecto del Tratado de Tordesillas le correspondían a Portugal.
En 1534 fue fundada San Vicente e inmediatamente después, el rey Juan III dividió administrativamente el territorio ubicado al oriente de la línea de Tordesillas en quince capitanías de carácter hereditario. En el año 1549 se creó un gobierno general que se estableció en San Salvador. Los portugueses introdujeron a los jesuitas en sus territorios con la finalidad de que catequizaran a los indígenas. El 22 de enero de 1554 el P. José Anchieta, enviado desde San Vicente por el P. Manuel Nóbrega, fundó el Colegio San Pablo de Piratininga, originándose de ese modo la ciudad de San Pablo. El sitio, en el que se descubrieron algunas escasas muestras de plata, despertó la imaginación y la codicia de un gran número de aventureros que se instalaron en la zona. A éstos se sumaron desertores y náufragos de los más diversos orígenes étnicos. En ese ambiente, en donde la mujer blanca era escasa, comenzó a darse el mestizaje étnico. La producción azucarera y ganadera predominaba sobre el litoral atlántico brasileño, que a fines del siglo XVI ya estaba totalmente poblado. La mano de obra negra esclava, que llegaba a las costas del Brasil desde el África, era la que sustentaba todo ese sistema productivo era escasa ya que si bien la cercanía de África proveía esta mano de obra, el descuido y maltrato a las que eran sometidos estos, hacia que pocos sobrevivieran. además de que el mercado del norte y el centro de América absorbiera la mayor parte de este tipo de esclavos.-
A comienzos del siglo XVII los holandeses se hacen presentes en tierras del Brasil con la firme decisión de tomar posesión de ellas. Comenzaron por controlar con acciones de piratería la navegación sobre la costa del Atlántico, perturbando seriamente el tráfico de esclavos. Ante la imposibilidad de importar negros desde el África, el indio, como potencial esclavo, cae en la mira de los hacendados o fazendeiros portugueses. Los habitantes de San Pablo, viendo esfumados sus sueños de hallar fabulosas cantidades de plata, comenzaron a avanzar hacia el interior desconocido del Brasil en busca de la plata, el oro y las piedras preciosas que no habían hallado en la región de Piratininga. En sus entradas cautivaron a los primeros indios, que fueron vendidos como esclavos a los hacendados de San Vicente por un muy buen precio. Así nacen las “Bandeiras o Banderas”, lideradas por un “Capitao = Capitán”, que generalmente era un ex militar con conocimientos avanzados o un aventurero, que aportaba una tropa reclutada por él, así comienzan a organizarse las bandeiras, expediciones para cazar esclavos.
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Presentación del tercer libro de la saga de "El Siglo de Acero" de Héctor J Castro.
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- Escrito por: Rafa

AMIGOS DE MADRID.
Os esperamos a todos los que queráis acompañarnos en la presentación del próximo día 6 de junio. Será un evento muy especial en el que contaremos con la colaboración de Rafael Rodrigo Fernández (co-administrador del portal de historia militar "El Gran Capitán") y la gente de #31EneroTercios, en la que hablaremos de los tercios en la literatura y mucho más.
Los dragones de cuera contra los apaches. La batalla por San Agustín de Tucson
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- Escrito por: Rafa.Rodrigo (kappo)
Fruto del acuerdo de colaboración entre eGC y DF os presentamos este nuevo artículo de nuestro co-administrador Rafael Rodrigo (doctor en historia). Como siempre esperamos que os guste a todos.

Dragón de Cuera (Autor: Augusto Ferrer-Dalmau)
En 1779, el informe del inspector adjunto, don Roque de Medina, indicaba que la guarnición disponía de setenta y siete hombres, aunque solamente cincuenta y nueve eran aptos para el servicio en ese momento. De ellos, treinta y siete eran dragones de cuera, contando con un sargento, cuatro cabos, y un maestro armero. Se había construido una empalizada, aunque algunas casas se encontraban en el exterior de la misma, y se disponía de cuatro cañones de bronce. El segundo al mando era el teniente Miguel de Urrea, nacido en Sonora y doce años mayor que Allande, un veterano con treinta y siete años de servicio en la frontera.
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Españoles, a Marruecos! La Guerra de África 1859-1860
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- Escrito por: Rafa

Julio Albi de la Cuesta
Cargas de coraceros con refulgentes cascos metálicos; agrestes cabileños, de chilabas rayadas; lanceros con multicolores banderolas; la legendaria Guardia Negra, azul y roja; audaces cornetas, casi niños; bellas hebreas; presidiarios encadenados, como salidos de Los Miserables; húsares, blancos y celestes; aérea caballería marroquí, envuelta en jaiques fantasmales; misteriosas ciudades santas; arias de Bellini cantadas a la luz de las hogueras por oficiales sentimentales; zocos abigarrados; curtidas cantineras vestidas a la amazona, revólver en cinto; Prim tonante, en los Castillejos; caravanas ondulantes de camellos; ataques a la bayoneta con banderas desplegadas, al compás de músicas y charangas; y plumas como las de Alarcón, que tomaban sus sueños por realidades. Por estos y otros aspectos la Guerra de Marruecos de 1859-1860 ha pasado a la historia con el nombre de “Guerra Romántica”, carácter que comparte la misma denominación oficial, Guerra de África, que desorbita el ámbito de las operaciones que se llevaron a cabo, para darles una dimensión continental cuando, en realidad, solo se desarrollaron entre Ceuta y la bahía de Tetuán.
Junto a todo eso existe, sin embargo, otro rostro no tan evocador, el de una campaña improvisada, lanzada en la peor época del año y con medios navales insuficientes; soldados ateridos, mal cobijados en tiendas diseñadas para resguardar del sol, no para proteger de las constantes lluvias, y batalla inútiles y costosas. Y siempre, la sombra del cólera insidioso, matando a diestro y siniestro, más feroz que las balas, que envió a miles de hombres a la tumba, tras entierros clandestinos, para no desmoralizar a los supervivientes, o a hospitales donde con frecuencia agonizaban olvidados en el suelo, sobre un montón de paja podrida.
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