El orgullo de Tiro, la ira de Alejandro (II): Nuevos señores, bajo el dominio persa, desencuentros.
-
Detalles
-
Escrito por: japa
NUEVOS SEÑORES
En los primeros años tras la caída de Asiria, la balanza del poder se inclinó hacia Egipto, que volvió a extender su influencia sobre la costa tras la batalla de Megido, en el año 609. El faraón Necao contó con los fenicios para reconstruir su poderío naval, y bajo su patrocinio los cananeos acometieron la mayor de sus hazañas, la circunnavegación de África.
Necao, empero, fue derrotado en Karkemish, en el año 605, por los ejércitos babilonios. Tras su victoria, Nabuconodosor llevó sus estandartes más allá del Éufrates, camino de las costas del Mediterráneo.
El nuevo poder no era amigo de acuerdos o entendimientos. Apenas iniciado el siglo VI, volvemos a encontrar a los fenicios armados tras sus murallas. De nuevo las ciudades fueron cayendo, una a una, bajo la bota del invasor. De nuevo Tiro, último bastión de los cananeos, quedó cercado.
El asedio se prolongaría más de una década, y, una vez más, la lucha termino con un acuerdo. Las condiciones fueron muy duras y, aunque la población fue respetada, el poder e influencia de los tiriotas se eclipsó, circunstancia bien aprovechada por Sidón.
Los caldeos no disfrutaron demasiado tiempo de su victoria. El año 539, Babilonia cayó a los pies de Ciro el Grande, fundador del imperio persa. Durante una década los puertos volvieron a disfrutar de su independencia, hasta que el ejército medo, a las órdenes de Cambises, marchó hacia Egipto, a través de la franja costera.
Por primera vez en siglos, los fenicios no se opusieron. Al contrario que sus predecesores, los persas no eran déspotas insufribles. En vez de imponerse por la fuerza de las armas, Cambises negoció con los navegantes, ya que necesitaba su ayuda para derrotar a los egipcios. El acuerdo alcanzado no sólo cubría sus espaldas mientras avanzaba sobre el delta, sino que neutralizaba la única ventaja de Egipto, su flota, que no era enemigo para las galeras cananeas.
LIBRO: Guerra y tecnología. Interacción desde la Antigüedad al Presente
-
Detalles
-
Escrito por: Rafa
Guerra y tecnología. Interacción desde la Antigüedad al Presente

Editoras: María Gajate Bajo y Laura González Piote.
En este libro se compila una selección de las aportaciones más notables presentadas en el III Congreso Internacional de la Asociación Española de Historia Militar (ASEHISMI) que llevó por título "Las innovaciones tecnológicas aplicadas a la actividad bélica", celebrado en la Academia de Artillería de Segovia entre los días 21 y 24 de junio de 2016.
El volumen se estructura en cinco partes. La primera recoge las aportaciones de los historiadores Juan Carlos Losada Malvárez y Ángel Viñas Martín. El primero realiza un recorrido a través de la historia, desde la Prehistoria hasta nuestros días, reparando en muchos de los avances tecnológicos que, después, los demás autores han abordado en profundidad. El segundo, muestra cómo, desde mediados de los años treinta del pasado siglo, la guerra ha ido cambiando hasta nuestros días; por una parte, debido a los cambios en su propia naturaleza -contrainsurgencia o antisubversiva-, y por otra, a su propia tecnificación como consecuencia de la influencia de los avances tecnológicos.
Las cuatro partes siguientes permiten realizar al lector un completo recorrido histórico sobre la temática señalada, desde la Historia Antigua y Medieval, pasando por la Historia Moderna, la Historia Contemporánea, hasta llegar a la Historia del Presente.
Descargar libro
Leer más: LIBRO: Guerra y tecnología. Interacción desde la Antigüedad al Presente
El Imperio asirio: Una máquina de guerra sin precedentes.
-
Detalles
-
Escrito por: Motorhead
El surgimiento de Asiria. Los pilares del imperio.
A finales del III milenio a.C. Mesopotamia se encuentra sumida en un periodo de convulsiones, la caída de Akad, primer gran imperio de la historia, ha propiciado la llegada de numerosos pueblos nómadas a la región que buscan tierras fértiles donde establecerse, comerciar o simplemente dedicarse al pillaje y al saqueo. Una de estas tribus, de lengua semita, se asentó en la ciudad de Ash-shur (Assur) situada a orillas del Tigris, un lugar estratégico para controlar las rutas comerciales entre Mesopotamia y Anatolia. Este privilegiado emplazamiento, antigua residencia de los gobernadores acadios, dio nombre a su pueblo, que sería conocido como los asirios, cuya historia se extiende a lo largo de más de dos milenios, en los que pasaron de ser una tribu de comerciantes a convertirse en el mayor imperio de su tiempo.
La enorme expansión del reino desde tan humildes comienzos fue posible gracias a la creación de un formidable ejército, formado por unidades que incluían infantería, caballería y carros de guerra, unido a un amplio dominio de la poliorcética y, a partir del siglo XIII a.C., al empleo masivo de armas y armaduras de hierro. Esta maquinaria bélica se sustentaba en un servicio de inteligencia muy eficiente y en una política de terror, basada en el empleo de medidas extremadamente crueles destinadas a quebrar la moral de sus enemigos. Así, para evitar nacionalismos y romper la cohesión de los habitantes en los lugares conquistados, eran frecuentes las deportaciones en masa cuyo número e intensidad aumentaron con el paso del tiempo, llegando a afectar a cientos de miles de personas.