Navis longa: la galera de guerra romana. (IV)
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- Escrito por: Flavius Stilicho

Reconstrucción de un cuatrirreme romano de 100 remos, en una ilustración de los años 70 (Viereck)
En la vista cenital se puede ver el mástil abatido, hay que recordar que éste representaba un peligro en combate (si era derribado) por lo que las galeras o lo abatían o incluso lo dejaban en la playa antes de una batalla.2.2 Naves maioris formae (naves mayores/pesadas).
Más Allá de Hermanos de Sangre, las memorias de Dick Winters
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- Escrito por: Super User
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Más Allá de Hermanos de Sangre son las memorias de Dick Winters, basadas en su diario de guerra y en otras muchas historias y anécdotas no contadas por sus compañeros. Winters fue el único que estuvo presente desde la activación de la Compañía Easy hasta el final de la guerra, recibiendo el bautismo de fuego el Día D en el asalto de la batería de Brecourt y en Carentan, participando en la operación Market Garden, defendiendo el nudo de comunicaciones estratégico de Bastogne durante la batalla de las Ardenas y acabando los últimos días de la guerra en Berchtesgaden, la guarida alpina de Hitler. Sólo él podría escribir este homenaje al espíritu de camaradería del soldado en combate.
Incluye un mapa desplegable a todo color con todo el asalto a las baterías del caserío de Brecourt.
El mayor Richard «Dick» Winters estuvo al mando de la Compañía Easy del 2.º Batallón del 506.º Regimiento de Infantería Paracaidista de la 101.ª División Aerotransportada durante la Segunda Guerra Mundial. Combatió en Francia, Holanda, Bélgica, Alemania y Austria. Una vez terminada la guerra regresó a casa licenciándose con honores.
MAS INFO: http://www.elgrancapitan.org/foro/viewtopic.php?f=17&t=24156
El gran sitio de Malta de 1565
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- Escrito por: Hector J. Castro

En la década de los 60 del siglo XVI la lucha que mantenían las grandes potencias ribereñas del Mediterráneo ganó intensidad. El corsario otomano Dragut se había convertido en el terror de Levante, y, en respuesta, Felipe II de España había ordenado aumentar los efectivos de la escuadra de galeras de Nápoles para defender sus dominios costeros. La Orden de Malta –última de las grandes órdenes militares de las Cruzadas- seguía siendo uno de los principales aliados de España, y no había empresa contra el Turco en la que sus galeras no se hallasen juntas. De hecho en 1564 tomaron, para gran gozo de la cristiandad, el Peñón de Vélez de la Gomera, un famoso refugio de corsarios en el que éstos se detenían a arreglar sus naves y guardar el botín de sus correrías.
Tras este suceso aumentó el odio. Los almirantes otomanos veían peligrar cada vez más sus negocios de Berbería, por lo que enviaron innumerables cartas al Gran Solimán solicitando que atacase la estratégica isla de Malta, el cuartel general de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, que era importantísima plaza y cabeza de puente del Mediterráneo.
Solimán juntó en consejo a sus grandes capitanes, y finalmente decidieron atacar la isla. Inmediatamente, el Sultán le ordenó a Pialí Bajá, el almirante de su flota, que comenzara la juntanza de navíos, gente de remo, hombres de armas, artillería, municiones, bastimentos y todo el aparato necesario para la campaña. 
Giulio Reiner. Macchi C.202 Folgore
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- Escrito por: JACKSON

El 19 de agosto de 1942, el Teniente piloto Giulio Reiner despegó en su Macchi C.202 Folgore del aeródromo de Fuka, cerca de El Alamein, con otros siete cazas de las 73ª y 96ª Squadriglias, para interceptar aviones enemigos que sobrevolaban la línea del frente y que habían sido detectados por un radar Freya alemán.
Como punto de Reiner iba el Teniente piloto Gibellini, en la que era su primera salida operativa. Sobre El Hamman, a 6.000 metros de altitud, divisaron unos 20 Hurricanes que efectuaban ataques al suelo. Mientras se preparaban para atacarlos, Reiner vio 10 Spitfires a unos 1.000 metros por encima y a la izquierda, los cuales viraron hacia los cazas italianos. Reiner giró violentamente a la izquierda, en una maniobra de muchas g, de forma que quedó situado por detrás y por debajo de uno de los Spits.
Lérida 1647, una asedio legendario (II)
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- Escrito por: Sir Weymar Horren
Entre el 13 y el 14 de mayo, los franceses rodearon Lérida por completo; tendieron un puente barcas al norte para comunicar las dos orillas del Segre y, entre el 14 y el 26, trabajaron afanosamente en la reparación del cordón de fortificaciones levantado alrededor de la plaza por el ejército de Harcourt. Entre tanto, Britto hizo registrat a todos los habitantes y los puso a trabajar en las fortificaciones de la ciudad. Asimismo, el portugués hizo llevar todos los víveres y municiones a la ciudadela e instalar una batería de dos cañones cerca del Segre para hostigar a los franceses al otro lado del río. Con ayuda de Agustín Alberto, profesor de arquitectura y geometría, había logrado poner en defensa una muralla en la colina, al pie de la ciudadela, amén de otras fortificaciones en el flanco que bajaba hasta el Segre. Por lo demás, al carecer Lérida de foso, rebellines, medias lunas y estradas encubiertas, el 27 de mayo los franceses llegaron sin oposición al pie de la colina y comenzaron a cavar trincheras en zigzag a una distancia de entre 250 y 300 pasos de la mole rocosa (1).
El príncipe de Condé, convencido de que tomar la ciudadela era la única forma de rendir la ciudad, decidió concentrar en la roca todos sus esfuerzos, lo que permitió a Britto dejar bajo mínimos las defensas de otros puntos –con 1.800 hombres no podía cubrir todo el perímetro amurallado ni salir a escaramuzar con los galos–. La base de la defensa fue una compañía de un centenar de hombres que Britto formó ad hoc con los mejores soldados de la guarnición, la mayor parte oficiales reformados (2), a la que se llamó “compañía la de las bandas rojas” por las insignias que portaban. Los integrantes de la compañía iban armados con carabinas cortas, pistolas, alabardas, espadas y rodelas para luchar en las trincheras, y su intervención en los momentos decisivos fue clave. Para muestra de su implicación en la lucha, en los 35 días que duró el asedio tuvo tres capitanes distintos: el sargento mayor Alonso de Vega, muerto de un disparo en la cabeza por un tirador francés, el sargento mayor Juan Joquero, caído en una salida, y el capitán Miguel Valero.

Lérida carecía de foso, pero su colina, con la ciudadela, era un obstáculo formidable, como muestra este grabado del asedio.

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